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EL JOTE: La Quinta de Recreo más Famosa de la Región

Por: Gonzalo Herrera Aguilar.

 

Hace unos años visité el pueblito de Alhué, estando en su plaza conocí a un grupo de lugareños que esa soleada tarde platicaban amenamente bajo la sombra de un añoso árbol. Uno de ellos en un gesto muy amistoso me preguntó: ¿De dónde viene gancho?, de Til Til le respondí. Casi de inmediato y al unísono dijeron todos: ¡¡El Jote ¡!. Me quedé gratamente sorprendido y orgulloso al ver que mi pueblo tenía un centro social conocido más allá de sus fronteras. Pero bien, para quienes no lo sepan les comento que El Jote es la Quinta de Recreo más emblemática y por lo que se ve famosa de la región. Me atrevería a decir que hace unos años atrás después de Manuel Rodríguez y las tunas, el Jote era el ícono más representativo de nuestra cultura local: lugar de acaloradas veladas, bailes y banquetes. Escenario de emblemáticos grupos musicales como los Brincos, los Hermanitos Palacios (luego la Sonora Palacios) y el famoso grupo de no videntes, Cuarteto Forestal. También en ocasiones una improvisada sala de cine, ring de boxeo en el campeonato de los guantes de lata, locación segura para fiestas de matrimonio, bingos y bautizos. Único restaurant dominguero del pueblo con sus famosos arrollados de malaya, perniles de cerdo, carnes y cazuelas.

 

 

Lugar histórico donde se realizó la primera exhibición de televisión de la comuna y también se instaló el primer Wurlitzer de Til Til. Plaza sabatina para la matiné de títeres infantiles. Escenario de grandes cantantes como Palmenia Pizarro, Zalo Reyes, Carlos Vásquez entre muchos otros. Rincón prohibido con shows en vivo de famosas vedettes como Wendy y el legendario clan de las Ubilla. Centro político de todos los partidos y candidatos que realizaban sus lanzamientos de campañas con mucho vino tinto, discursos y empanadas. Sede del gran club profesional de rayuela, etc., etc. Todo pasaba en este lugar. Hoy día Víctor Jaure más conocido como “El Yolo del Jote”, recuerda con nostalgia la época de oro de este local. Señala que fue su abuelo don Abraham Jaure quién lo fundó y confirió el glamour que lo caracterizó. Nos recalca: “Si sus muros hablaran, contarían millares de anécdotas y vivencias de todo tipo”. Así, por ejemplo, que durante años la empresa de cemento Cerro Blanco de Polpaico, aplicaba ley seca a todo su pueblo industrial, ello movilizaba a muchísimos de sus trabajadores a Til Til, llegaban en verdaderas hordas hasta el Jote donde podían beber una cervecita o el famoso Chuflai, trago insigne de este local preparado con bebida Bilz o Pap más agua ardiente y unas torrejas de limón. Dicha agua ardiente, clandestina, por cierto, se guardaba en un compartimiento secreto que bajo el escenario cobijaba las benditas Cutras, versión chilena de la bota española y que confeccionadas mediante cámaras neumáticas de caucho eran muy resistentes y óptimas para ocultar algún proscrito brebaje etílico.

 

En otro aspecto el Jote fue también famoso por múltiples peleas protagonizadas sobre su pista por algún asistente algo pasado de copas. Muchos recuerdan la gran “Capotera Curicana”, una tarde de sábado hace muchos años atrás, se realizó una gran fiesta campesina con carreras a la chilena, rodeo y amansadura. Por desgracia de los tiltilanos un grupo de huasos provenientes de Curicó, ganó cada una de las pruebas acaparando así todos los premios. Uno de los locales, muy dolido y queriendo salvar el honor, desafió a los sureños a una última prueba: una carrera a “pata pelada”, pero la suerte ese día no estaba del lado nuestro, así es que la victoria en esa competencia también se fue pa´ Curicó. Por la noche todos los huasos se trasladaron hasta el Jote y luego de algunos combinados, el orgullo tunero quiso tomar revancha, pero esta vez por los puños. Así se armó una de las mayores grescas que se tenga memoria, combos iban combos venían, vasos pasaban, mesas y sillas volaban. Los curicanos hombres duros y de campo no aflojaron, pelearon sin tregua ni cuartel. Había uno de baja estatura y avanzada edad que las hacía de líder del grupo. Su habilidad con la rienda no era nada para como metía los combos y repartía aletazos. Era un verdadero roble y pegaba como mula, no hubo quien lo volteara. También había otro grandote que en una de sus manos usaba un prominente anillo, esta “Manopla” voló dientes y corto bigotes de varios de sus oponentes. Así las cosas, aquel día Curicó nos ganó cinco a cero y de visita. Ese es nuestro Jote, un emblema por donde ha desfilado parte de nuestra historia, una pieza importante del patrimonio cultural de Til Til, un lugar que sin duda todos quienes amamos esta tierra debemos conocer y tratar de preservar.